top of page

Sobre el Castillo

Castillos de la época cercanos

Plano  obtenido del Instituto Geográfico Nacional, donde se ha señalado la ubicación de los diferentes Castillos existentes en la provincia de Córdoba.

Los ocho siglos que duró la Reconquista (711-1492) llevada a cabo por los reinos cristianos del norte para recuperar las tierras sometidas por los musulmanes, mantuvieron a la Península Ibérica en permanente estado de guerra. Si se añaden a ello las tensiones internas entre la nobleza y la monarquía, frecuentes durante la baja Edad Media y el Renacimiento, que derivan a veces en auténtica guerra civil, se comprende fácilmente el papel que jugaron los castillos y el por qué de su abundancia en España con cerca de 2500 fortificaciones siguiendo el concepto de castillo, sin incluir torres, ciudadelas, fortificaciones u otro tipo de elementos de defensa.

Sin embargo, estas luchas entre nobleza y monarca eran más comunes en países como Francia que en España, pues en la península la defensa contra los musulmanes hacía que los nobles tuvieran que recurrir más a su rey como símbolo de unidad.

La mayor concentración de castillos se localiza en la Provincia de Jaén, ya que está considerada, junto con Siria y Palestina, el lugar del mundo con mayor número de torres, atalayas, fortalezas y castillos por kilómetro cuadrado debido a su ubicación estratégica en las diferentes batallas entre musulmanes y cristianos en su conquista de Al-Ándalus.

Otro núcleo importante de concentración de castillos es la histórica región de Castilla, que a esta circunstancia debe precisamente su nombre. En el año 800, primer momento en que aparece en la historia la denominación de Castilla, las tierras que algo más de un siglo después se unificarían en el condado de ese nombre estaban salpicadas de castillos para la defensa del reino de León en su frontera con el Islam. A medida que esa frontera se fue desplazando hacia el sur, y en tanto en cuanto el reino de Aragón se comprometió también en la empresa de la reconquista, se fue creando a lo ancho de toda la península un frente cuajado de fortificaciones castelares. Los árabes, por su parte, también construyeron sus propias obras de defensa, lo que ha contribuido al número y variedad de castillos que se encuentran en España.

Organización de la defensa frente al Reino de Granada

 

La lucha que se desarrollo en la Península Ibérica entre los diversos cristianos y musulmanes durante los siglos de ocupación musulmana se solventaba mediante la conquista y posesión de puntos fuertes. Era, por tanto, una guerra de posiciones y la mayor parte de los enfrentamientos bélicos se relacionaban con la conquista o defensa de fortificaciones. Esta circunstancia favoreció el desarrollo de construcciones defensivas con sólidos muros, almenas y matacanes. Estas fortificaciones dieron lugar a líneas defensivas constituidas por varias fortalezas situadas a lo largo de una frontera.

Entre cristianos y musulmanes existía un tag o limes, es decir, una faja de territorio  definida por líneas estratégicas de castillos. Existieron muchas de estas líneas defensivas o marcas en todo el territorio peninsular a medida que avanzaba la reconquista. En el siglo XIII, el territorio andaluz se organizó en tres reinos: Jaén, Córdoba y Sevilla.

 

Los cristianos en un principio, aprovecharon las obras andalusíes conquistadas entre las cuales destacaban los castillos y alcazabas, pero progresivamente, fueron surgiendo los primeros testimonios de una arquitectura que debía responder a las necesidades de los nuevos señores.

Estas nuevas obras respondían a los modelos góticos traídos del norte de Europa que, desde tiempos de Alfonso X el Sabio, se iban introduciendo lentamente. Con frecuencia, incorporaban las técnicas y las formas de los conquistados, dando lugar a lo que se conoce como arquitectura mudéjar (RODRÍGUEZ ESTÉVEZ, 2001).

En la frontera con el reino de Granada, la defensa estuvo organizada en tres grandes líneas defensivas escalonadas hacia el sur, partiendo desde la margen izquierda del Guadalquivir hasta llegar a la ladera norte del sistema subbético. La tercera y más alejada de la frontera estaba constituida por los importantes núcleos urbanos de Sevilla, Córdoba y Jaén. Estas ciudades serían las bases de hombres, recursos y pertrechos para la guerra. Más cercanas a la frontera se encontraban una serie de pequeñas ciudadesbase: Jérez, Carmona, Écija, Úbeda y Baeza (GARCIA FITZ, 1996).

La segunda línea defensiva estaba formada por un complejo entramado de castillos y poblaciones, situadas en las inmediaciones de caminos. Estaban situadas en lugares estratégicos de fácil defensa y controlaban lugares de acceso desde Granada a Castilla. Constituían la primera defensa en caso de invasión musulmana y se las conoce como banda morisca. Entre ellas tenemos: Tarifa, Algeciras, Arcos de la Frontera, Olvera, Utrera, Morón, Estepa, Osuna, Cabra, Aguilar, Alcalá la Real, Martos y Cazorla.

Montilla quedaba cerca de la segunda línea defensiva.

La primera línea defensiva estaba formada por un numeroso grupo de pequeñas construcciones distribuidas a lo largo de toda la frontera sin una distribución preconcebida.

Para el control y pacificación del territorio, la Corona creó un vasto programa defensivo, apoyado en la nobleza y las órdenes militares, a quienes se encomendó la primera línea fronteriza. Muchas de estas fortalezas se convirtieron en sede de las grandes casas nobiliarias, que obtuvieron de la Corona bienes y privilegios excepcionales en la región.

Entre los siglos XIII y XV, estas fortalezas destinadas a la defensa del territorio fueron evolucionando con la aparición de la artillería y se fueron adaptando a una aristocracia poderosa y enfrentada, cuyas fortalezas aspiraban a convertirse en el más elevado reflejo de su poder y ostentación.

A pesar del final de la Guerra de Granada y de la reforma del estado planteada por los Reyes Católicos que acabaron con el orden establecido hasta el momento, los sistemas defensivos medievales no perdieron vigencia y la Corona y las casas nobiliarias siguieron haciendo uso de estos baluartes durante varios siglos.

Castillos de los antiguos señores de Aguilar

 

En general podemos afirmar que los Fernández Córdoba fueron titulares de un patrimonio sólido y bien constituido, que tenía como base el señorío de las villas de Cañete, Aguilar, Montilla, Monturque, Castillo Anzur, Puente de Don Gonzalo, Priego, Carcabuey, y en el último momento Montalbán , Santa Cruz y los lugares de la Almuña, Lúcar, Sierro y Suflí. Una de las fuentes de ingresos de esta familia la constituían precisamente los tributos, que en función de sus derechos jurisdiccionales, cobraban en todas las poblaciones. Derechos de tránsito, los derivados de transacciones comerciales, en algunas villas, y los monopolios en otras. A ello se añadían los ingresos que como propietarios, percibían por el arrendamiento de sus tierras de cereal, olivares y viñas, así como de las tiendas, instalaciones y medios de producción que poseían en sus villas del señorío y algunas localidades cercanas (QUINTANILLA RASO, 1979).

Los pueblos del dominio señorial de Aguilar pueden inscribirse en el grupo de pueblos fortaleza (LÓPEZ ONTIVEROS, 1979). Además, dentro de este grupo constituyen un núcleo bien definido, ya que se encuentran asentados en el sector mioceno de la comarca, y enclavados en lomas coronadas o cerros testigos formados por la dureza de los materiales ante la erosión de ríos o arroyos cercanos lo que contribuye a proporcionar una inexpugnabilidad natural. Este tipo es el predominante en la Campiña y ha surgido en virtud de una serie de condicionamientos físicos, humanos e históricos derivados de la antigüedad del poblamiento y del carácter fronterizo que durante años mantuvo la comarca y que obligó a un hábitat concentrado al abrigo de las lomas existentes.

Distribución jurisdiccional del Reino de Córdoba a fines de la Edad Media

Los pueblos del dominio señorial de Aguilar pueden inscribirse en el grupo de pueblos fortaleza (LÓPEZ ONTIVEROS, 1979). Además, dentro de este grupo constituyen un núcleo bien definido, ya que se encuentran asentados en el sector mioceno de la comarca, y enclavados en lomas coronadas o cerros testigos formados por la dureza de los materiales ante la erosión de ríos o arroyos cercanos lo que contribuye a proporcionar una inexpugnabilidad natural. Este tipo es el predominante en la Campiña y ha surgido en virtud de una serie de condicionamientos físicos, humanos e históricos derivados de la antigüedad del poblamiento y del carácter fronterizo que durante años mantuvo la comarca y que obligó a un hábitat concentrado al abrigo de las lomas existentes.

Estas villas aparecen, por tanto, coronadas por una fortaleza que unas veces se levantaba sola en la cúspide del cerro, cuando éste era muy elevado y angosto, mientras en otras ocasiones, compartía su espacio con el propio centro urbano, cuando la loma era más amplia. Este es el caso de Montilla y Montalbán. Este sector más elevado del núcleo albergaba también, por lo general, la iglesia principal y las residencias de las clases más acomodadas de la población y llevaba el nombre de villa en oposición a los barrios, situados en la periferia, fuera del sector más inexpugnable (QUINTANILLA RASO, 1979).

Cuatro de las villas del señorío pertenecen a este tipo: Aguilar, Monturque, Montilla y Montalbán.

A continuación haremos un breve recorrido descriptivo de los castillos del señorío a finales del siglo XV, época en que don Alfonso de Aguilar estaba al frente.

CAÑETE DE LAS TORRES

En esta villa se han descubierto hallazgos de asentamientos humanos en el Neolítico. Se cree también, que su emplazamiento coincide con Calpurriana, ciudad romana fundada por Calpurnio Pisón y se han encontrado numerosos vestigios de construcciones, tumbas, monedas, etc., de época romana. La presencia visigoda en Cañete de las Torres se constata por la presencia de ladrillos con relieves de rosetas o inscripciones en los bordes. Se conservan numerosos documentos de la época musulmana de la villa, de la que quedan restos repartidos por distintas zonas del término municipal.

En la época musulmana se formó una pequeña población alrededor de una fortificación para su defensa. Así surgió el vocablo mozárabe Qannit que significa cañaveral y que evolucionaría al topónimo Cañete (LUQUE POMPAS, 2004).

Cañete se encontraba junto a Bury-al-Hans (Bujalance). Durante la reconquista fue perdida y recuperada varias veces por los cristianos debido a su situación fronteriza. Finalmente la conquistó don Fernando III dejándola bajo la jurisdicción de la ciudad de Córdoba; en 1293 el rey Sancho IV “el bravo” nombró a don Alfonso Fernández de Córdoba señor de la Torre y Aldea de Cañete.

El castillo fue construido por don Alfonso Fernández de Córdoba en la primera mitad del siglo XIV sobre una fortaleza musulmana. Está circundado por un grueso muro que cierra una planta rectangular defendida por seis torreones, cuatro en las esquinas y dos más en el centro de los lados más largos. Se conserva la torre del homenaje situada en la esquina Noroeste y libre por tres ángulos. Casi toda ella está construida con sillarejos y sillares aprovechados de otros lugares. La puerta actual no es la original y tiene dos plantas abovedadas superpuestas destinadas a la guarnición. Posee una escalera de acceso embutida en el muro y, en el subsuelo, existe un pozo que hacía innecesaria la construcción de un aljibe. Delante de esta torre se situaba la plaza de armas.

PRIEGO

La villa de Priego ya comenzó su existencia en el paleolítico medio y fue ocupada por los romanos entre el siglo III a. C. y el siglo V d. C., debido a la excepcional situación geográfica. Se identifica como pagus, o subdivisión territorial, del asentamiento rural de la villa romana Ipolcobulcula, actual Carcabuey.

Durante el periodo musulmán se la denominó Medina Bahiíta y fue capital de una de las coras del territorio de al-Andalus a mediados del siglo IX. Desempeñó un importarte papel en las guerrillas que se mantuvieron dentro del seno del Emirato Cordobés. Al desaparecer el Califato de Córdoba pasó a formar parte inicialmente del Reino Zirita de Granada. En 1090 es ocupada por los almorávides, los cuales fueron sustituidos por los almohades a mediados del siglo XII.

Su conquista definitiva la llevó a cabo Alfonso XI en 1341, que reconstruyó la muralla del castillo y fomentó la repoblación mediante la concesión de ciertos tributos. Acabó formando parte de la Casa de Aguilar mediante la intervención de su señor don Gonzalo Fernández de Córdoba. Fue concedido a su descendiente don Pedro I Fernández de Córdoba y Figueroa por los Reyes Católicos en 1502, pasando a ser titular del Marquesado de Priego.

El castillo de Priego es, ante todo, un castillo bajomedieval cristiano, que ocupa, aproximadamente, el mismo lugar de una alcazaba musulmana anterior. El castillo actual corresponde a la reforma llevada a cabo en los siglos XIII y XIV. Ocupa una superficie de 2.878 m2 y está formado por un perímetro amurallado de 276 metros.

En el espacio interior se encuentran la torre del homenaje, dos aljibes, una edificación de dos plantas usada como vivienda y almacén, y una estructura de planta rectangular y de uso indeterminado.

El perímetro amurallado es de tendencia pentagonal, y se encuentra flanqueado por ocho torres, todas cuadrangulares, a excepción de dos cubos. La distribución de las torres es la siguiente: tres torres en el lado SE, una en el NE, otra en el NO, y tres en el SO, las dos primeras protegiendo una poterna actualmente inutilizada.

Castillo de Priego de Córdoba

ANTIQVITAS – 2003 –Nº15 pp. 65-71 – M.H.M.

Se han utilizado predominantemente la sillería y la mampostería. La torre del homenaje, o Torre Gorda, se ubica, descentrada, en el patio. Realizada con mampostería de piedra caliza, con esquinas reforzadas con sillares, su altura es considerable, acercándose a los 30 metros para una planta de unos 187 m2, parte de los cuales son semisubterráneos en la actualidad. Consta de tres plantas cubiertas con bóvedas de cañón con rosca de ladrillo o lajas de piedra: una inferior, sin acceso original desde el exterior; otra media, que se emplearía como almacén y que recibía una pobre luz natural desde unas grandes aspilleras, hoy sensiblemente aumentadas; y una superior, identificable como residencia y adornada en sus vanos con cuatro ventanas o ajimeces con doble arco de herradura y columna central con capitel de mocárabes. La comunicación original entre plantas no es la actual escalera de caracol de tipo mallorquín.

El acceso original de la torre, mediante vano dovelado de medio punto y pasillo abovedado, se situaba a la altura de la planta mediana, varios metros sobre el nivel del suelo primitivo, para facilitar la defensa de la construcción.

Las torres perimetrales llegan a alcanzar una altura de 20 m, siendo su estado de conservación excelente en los casos de dos de las situadas en el lado SE. Son macizas hasta la altura de los adarves, donde se abren sendas estancias abovedadas con rosca de medio punto, dotadas de cámaras de tiro y aspilleras, y desde ellas se accede a una segunda planta o azotea, actualmente sin parapeto ni merlatura. La edificación o remodelación de estas torres se realizaría con posterioridad al momento en que la villa de Priego fuera dada en señorío a don Gonzalo Fernández de Córdoba, en 1370, por el rey Enrique II. Podemos adscribirlas al siglo XV, posiblemente en su primera mitad.

La entrada principal actual del castillo se ubica en el lado SE, bajo la protección de una ladronera con faldones abierta a la altura del adarve. La puerta de acceso consta de dos arcos de herradura apuntados, uno de ellos doble, enmarcados en un alfiz, con portón al exterior y ranura para el deslizamiento de un rastrillo. Además de este acceso, se conserva una poterna en el lado SO y otro acceso más en el NO, documentado durante las excavaciones arqueológicas.

Dentro de la cerca del castillo se localizan dos aljibes, uno situado frente a la entrada actual de la torre del homenaje, del siglo XIV, presenta planta rectangular con dos bóvedas vaídas de ladrillo, arco de descarga central y paramentos enlucidos con mortero hidráulico de cal pintado a la almagra. Un segundo aljibe, próximo al anterior, de finales siglo XIII o principios siglo XIV, presenta también planta rectangular, y está construido con fábrica de mampostería y bóveda de cañón de ladrillo (CARMONA, 2003).

POLEY

Aguilar es un ejemplo espléndido de pueblo fortaleza, ubicado sobre un elevado cerro de fácil defensa en los momentos de actividad bélica, tan frecuentes a lo largo de la Edad Media. La posición más elevada la ocupaban el desaparecido castillo, centro del poder político-militar, y la parroquia, centro religioso y espiritual. A su alrededor se ubicaban las viviendas civiles que conformaban la villa.

La fortaleza jugó un destacado papel táctico en la organización militar de la defensa en la época medieval debido a su proximidad a la frontera castellano-granadina.

Durante el periodo musulmán, el castillo de Aguilar fue un núcleo militar importante. Después de su reconquista cristiana, el rey se lo entregó a Don Gonzalo Ibáñez Dovinal, el cual lo reparó, fortificó y dotó de una guarnición fija. Con la segunda dinastía de los señores de Aguilar, cuando don Alfonso Fernández de Coronel se enfrenta al rey don Pedro I, el castillo fue sometido a un duro asedio y se abatieron sus murallas. Después de este episodio el rey mandó restaurarlas pero cuando fue donado a Don Gonzalo Fernández de Córdoba todavía debieron completarse las reparaciones de la fortaleza.

La fortaleza fue engrandecida por don Pedro Fernández de Córdoba y su hijo don Alfonso de Aguilar, que la dotó de la fisonomía final que presentaría siglos más tarde y con la que ha sido descrita en el siglo XIX.

MONTILLA

MONTURQUE

El lugar ha estado ocupado desde el Calcolítico o Edad del Cobre y es uno de los focos decisivos en el estudio del final de la Prehistoria andaluza. También fue ocupada por los íberos debido a su situación estratégica en lo alto de un cerro testigo. Existen también, numerosos restos arqueológicos y edificaciones de época romana que avalan la hipótesis de que existió una población romana de importancia. No se conoce el nombre romano de la ciudad y se han barajado varios: Meruera, Tucci-Vetus, Spalis, Soricaria, e incluso algunos historiadores la consideran como la propia Munda romana.

Desde la época de los Omeyas hasta el siglo XIII, la población musulmana de Monturque estuvo instalada sobre el asentamiento romano anterior.

La torre del castillo, construida parcialmente sobre cimentación romana, manifiesta un claro origen musulmán, aunque fuera reedificada en la Baja Edad Media. El rey Alfonso X la cedió, junto con la villa de Aguilar, a don Gonzalo Ibáñez Dovinal.

Los restos del castillo muestran un trazado rectangular constituido por muros que en cada uno de sus encuentros presentarían una torre. Estos muros han sido datados de los siglos XIII y XIV, ya que las marcas de canteros encontradas en la sillería de la cerca son las mismas que aparecen en otros castillos cercanos y en las primeras iglesias cordobesas levantadas tras la reconquista. Actualmente se conserva una torre planta pentagonal situada en la esquina más meridional.

La parte mejor conservada del castillo es la torre del homenaje, que se alza en el centro del patio de armas. Tiene planta cuadrada y se trata de una sólida construcción de mampostería enripiada por hiladas y refuerzo de sillares en los ángulos que dan al conjunto una mayor estabilidad y solidez. La torre presenta tan solo dos perforaciones en los muros:

  • la puerta, en forma de arco apuntado con sillares resaltados, restaurados en su totalidad y de la que ignoramos si era la puerta natural de la construcción,

  • y la ventana que hay justamente encima de ella, que sí conserva en su mayor parte los sillares primitivos, constituyendo unas jambas y dovelas de extraordinaria fortaleza. Casi en el coronamiento de los muros aparece el matacán corrido que apea en ménsulas constituidas por dos molduras en bocel y dos filetes alternados y en gradiente.

El interior se compone de dos salas unidas mediante escalera, cubiertas con bóvedas de ladrillo por aproximación de hileras. No está adaptada para alojamiento con carácter permanente pero es posible que sirviera de residencia al alcaide de la villa.

Esta torre está documentada al menos desde el año 1273, aunque la cornisa realizada con sillares y modillones recuerda a otras de finales del siglo XV.

En el interior del recinto se localiza una cisterna romana. Está excavada en la tierra y posee mampuestos adosados y enlucido impermeabilizante.

CARCABUEY

El castillo de Carcabuey se emplaza sobre la escarpada roca que se alza sobre el repecho que sirve de cimiento a la villa. Tuvo una gran importancia estratégica en época medieval. Se trata de un recinto irregular y es una vasta plaza de armas en lo alto del risco guarnecida de fuertes muros, defendida por torreones de altura considerable y por cubos situados de trecho en trecho.

Don Manuel de la Corte Ruano hizo la siguiente descripción del castillo:

Una puerta pequeña obstruida por escombros y maleza ocupa el centro principal del muro que mira a la villa, haciendo noble contraste al lado de los cuatro grandes torreones, que forman el primer ámbito del castillo. Prolóngase en derredor la muralla alternando sus fuertes cubos macizos hasta más de la mitad de su altura, derrivados casi del todo en la parte del mediodía, la más escarpada e inaccesible.

Toda la barbacana del circuito ha desaparecido y alguna que otra ventana en lo más elevado denota su sólida construcción, y el fin que sus fundadores se propusieron al fortificar un punto naturalmente defendible por su posición ventajosísima...

Castillo de Carcabuey (Semanario Pintoresco Español, 1839)

…En el centro de la ciudadela o plaza de armas, descuella majestuoso el castillo, cuya solidez y perspectiva esterior apenas se hace notar por defuera en razón a lo elevado del circuito; pero su altura sería probablemente cuasi el doble de lo que hoy presenta…

…Surtíanle abundantemente de aguas por canales subterráneos, hoy obstruidos, dos grandes algives sostenidos por arcos y postes de argamasa, y distribuidos en anchurosas naves capaces de contener mayor cantidad de la necesaria a la guarnición en tiempo de peligro.

El todo de la fábrica es grosero, tosco y sencillo, sin primores del arte, inscripciones o signos que nos revelen la época de su erección…Restauróse Carcabuey, según se deduce de las crónicas por los años de 1240 por el santo principe Fernando III de Castilla (CORTE RUANO, 1839).

En esa época, Carcabuey por ser aún zona fronteriza era prácticamente un lugar despoblado. Los limites de los terrenos con los señoríos vecinos ocasionaron autenticas disputas. Debido a ello poseía tan solo una guarnición para su defensa, con una población perfectamente distribuida, con arreglo a sus funciones militares, en caballeros, ballesteros y lanceros; con un número importante de adalides, es decir de caudillos militares, y con otro de oficiales de marcado carácter militar, cuyo cometido principal era la defensa de la fortaleza.

ANZUR

Castillo Anzur fue uno de los señoríos mantenidos por la mitra. Alfonso X confirmó la donación del señorío al obispo y cabildo catedralicio en 1258. Esta fortaleza sufrió la gravedad de los ataques musulmanes y debió ser refortificado y reabastecido por el obispo don Fernando Gutiérrez. Continuó en poder del obispado hasta los años 1330- 1335 en que la tenencia del castillo, pasará al vecino señor de Aguilar, en cuyo testamento, don Gonzalo Ibáñez en 1342, habla de Castillo Anzur y dispone que pase a su hijo menor Tello.

Este señorío pasó a ser señorío de la Corona cuando el rey Pedro I sofocó la rebelión de don Alfonso Fernández Coronel y se incautó de sus señoríos. El rey lo permutará en 1356 con don Vasco Alfonso de Sousa y en 1372, el nuevo señor de la casa de Aguilar, don Gonzalo Fernández de Córdoba, lo adquirirá de nuevo para el señorío de Aguilar.

El castillo consta de dos plantas. Forman parte del señorío un palacio espacioso y otras casas separadas para los guardas, una atalaya de moros y varios caseríos, llegando a ocupar una legua en cuadro, varios cortijos y 12000 fanegas de tierra.

Junto a esta atalaya árabe del siglo X tuvo lugar, en marzo de 1126, la batalla de Arnizol, en la que las tropas del rey aragonés Alfonso I el Batallador, que había acudido en ayuda de los mozárabes, derrotó a los almorávides.

 

Puente de don Gonzalo

La historia de Puente Genil es la historia de dos núcleos de población diferenciados y separados por una barrera física, el río Genil. A la izquierda del río se encontraba el Pontón de Don Gonzalo o Puente de Don Gonzalo, perteneciente al municipio de Aguilar de la Frontera, y a la derecha del río, el barrio de Miragenil, perteneciente a Sevilla. En 1834 ambas poblaciones se unen formando un único municipio independiente bajo el nombre de Puente Genil, nombre que hace alusión a los dos núcleos poblacionales de los que nace: Puente, del Puente de Don Gonzalo y Genil de la zona de Miragenil.

La fundación de la villa ocurrió hacia el año 1260, con motivo de la conquista de San Fernando. Su origen urbano comienza con la construcción de un puente sobre el Genil, obra del rico-hombre de Castilla don Gonzalo Ibáñez de Aguilar, del cual recibirá el nombre de Pontón o Puente de don Gonzalo. El puente, de piedra y con dos arcos, fue proyectado por Hernán Ruiz. Posteriormente pasó a poder de don Gonzalo Fernández de Córdoba siendo don Alfonso de Aguilar el que lo repobló.

bottom of page